Francia es el país más visitado del mundo, pero eso no significa que sea imposible escapar de las aglomeraciones. Fuera de los paraísos turísticos como París y la Provenza, hay un montón de lugares menos concurridos que son igual de fascinantes. Sumérgete en la naturaleza, descubre ciudades históricas y disfruta de deliciosos platos regionales. En resumen: ¡descubre la Francia auténtica!
Burdeos es la preciosa capital del departamento de Gironda, en la costa atlántica, al suroeste de Francia. Las playas de arena de esa costa son un gran atractivo, pero hay mucho más que ver y hacer en los alrededores de Burdeos. Por supuesto, los famosos viñedos, pero también impresionantes castillos y pintorescos pueblecitos, donde podrás conocer la vida rural francesa. Hemos hecho una lista con los lugares de interés más chulos de los alrededores de Burdeos. ¡Elige uno, alquila un coche y sal a la aventura!
Burdeos suele quedar a la sombra de la capital francesa, París, pero no tiene nada que envidiarle. ¿Por qué crees que todo el centro histórico de la ciudad está declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO? Exacto, porque es una ciudad fantástica, repleta de tesoros arquitectónicos. Al centro histórico también se le conoce como Port de la Lune (Puerto de la Luna), porque se extiende como una media luna a lo largo de un recodo del río Garona.
Es una delicia dar un paseo por los muelles —Les Quais — a orillas del río. Así pasas por la Place de la Bourse, con su famoso espejo de agua —Miroir d’Eau —, en el que se reflejan con elegancia los edificios del siglo XVIII, sobre todo por la noche. Detrás está la acogedora Place du Parlement, rodeada de terrazas. La majestuosa catedral de Saint-André se construyó entre los siglos XII y XIV, y no fue hasta más tarde cuando se le añadió un campanario independiente, la Tour Pey Berland. Hay que subir 233 escalones hasta la cima, desde donde tienes unas vistas fantásticas de la catedral y del resto del centro histórico de Burdeos. Frente a la catedral está el ayuntamiento, que tiene un aspecto bastante pomposo. De hecho, en un principio fue el Palais Rohan, la residencia del arzobispo.
El mercado de productos frescos más grande de Burdeos es el Marché des Capucins, donde encontrarás una gran variedad de productos locales en sus coloridos puestos. Desde frutas y verduras hasta marisco, quesos artesanales, embutidos y, por supuesto, vinos de la región. Además, hay algunos restaurantes pequeños que sirven platos tradicionales y especialidades locales. El mercado cierra los domingos y los lunes.
El suroeste de Francia también se conoce como Aquitania y, en el Musée d’Aquitaine, podrás hacer un recorrido por la historia de esta zona: desde hallazgos arqueológicos de hace miles de años, pasando por la época galorromana y la Edad Media, hasta la actualidad. El Musée des Beaux-Arts cuenta con una bonita colección de pinturas y esculturas clásicas. Si buscas arte moderno, tienes que ir al CAPC. En el Musée des Arts Décoratifs et du Design podrás ver cómo decoraba su casa un habitante adinerado de Burdeos.
Cuando dices «Burdeos», dices «vino», y por eso la ciudad cuenta con dos museos dedicados exclusivamente a este licor de uva. El Musée du Vin et du Négoce es el mejor sitio para aprender más sobre los orígenes de la industria vinícola en Burdeos, las antiguas rutas comerciales y las técnicas históricas y modernas de elaboración del vino. La Cité du Vin está ubicada en un edificio de aluminio y cristal con un diseño muy singular. Aquí te sumergirás en el mundo del vino a través de exposiciones interactivas. En la planta superior no solo podrás disfrutar de una copa de vino, sino también de las vistas de Burdeos.
Si sales de Burdeos con tu coche de alquiler, no tardarás en encontrarte con uno de los muchos castillos antiguos. El Château de la Brède, a solo treinta minutos en coche al sur de Burdeos, es realmente impresionante. No solo es un castillo del siglo XIV muy bien conservado, sino que también es el lugar donde nació, vivió y trabajó el filósofo Montesquieu. Él fue el precursor de la idea de que los poderes legislativo, ejecutivo y judicial deben estar separados. De marzo a noviembre se organizan visitas guiadas, para las que tienes que inscribirte con antelación.
El robusto Château ducal de Cadillac ha sido restaurado con mucho gusto y, en su interior, podrás ver techos especiales y chimeneas monumentales de estilo francés, contraventanas ricamente pintadas y una colección de tapices de los siglos XVI y XVII. Durante la Revolución Francesa, el castillo sirvió de prisión y puedes visitar las celdas.
El Château Fort de Roquetaillade lleva más de setecientos años en manos de la misma familia y sigue estando habitado. Dentro de las murallas hay, en realidad, dos castillos: el antiguo, del siglo XII, y el «nuevo», del siglo XIV.
Un poco más al sur se encuentra el impresionante Château de Vayres, a orillas del río Dordoña. Este castillo también solo se puede visitar con cita previa. Cuenta con una impresionante colección de vinos en sus bodegas y en los jardines puedes hacer un pícnic.
Si has alquilado un coche en Burdeos, llegas en una hora más o menos a la ciudad histórica de La Réole. La localidad surgió en torno a un monasterio que se erigía en el siglo X en las colinas de la orilla norte del Garona. De ese monasterio original no queda nada; fue reconstruido en el siglo XVIII y ahora se usa como ayuntamiento. La iglesia del monasterio sí se ha conservado: la Église Saint-Pierre. El ayuntamiento original de La Réole data del siglo XII y, en el siglo XVIII, se utilizó como cárcel. Más tarde se convirtió en un mercado cubierto, de ahí que la parte inferior esté abierta. En las estrechas callejuelas que rodean este antiguo ayuntamiento puedes ver casas con entramado de madera. Detrás del actual ayuntamiento se encuentra el Château des Quat’Sos (Castillo de las Cuatro Hermanas). Las mejores vistas de este castillo las tienes desde la otra orilla del río. Por desgracia, ya no puedes llegar hasta allí por el Pont du Rouergue, diseñado por Gustave Eiffel, ya que ese imponente puente colgante está cerrado al tráfico.
Otra de estas pintorescas ciudadelas es Blaye, situada a cincuenta kilómetros al norte de Burdeos. Es conocida sobre todo por su impresionante ciudadela, construida en el siglo XVII por el famoso ingeniero militar Vauban. Ya en la Antigüedad había fortificaciones en este lugar estratégico a orillas del Garona. El sistema defensivo en forma de estrella de Vauban cuenta con un kilómetro y medio de murallas, puertas y pasadizos subterráneos, pero también con los edificios necesarios para el buen funcionamiento de una guarnición, como cuarteles para 1.500 soldados, una iglesia, una cárcel y, por supuesto, el polvorín. Una parte de la ciudadela está acondicionada como museo arqueológico. Desde las murallas defensivas tienes unas bonitas vistas del Garona. También se ve el redondo Fuerte Paté en un islote del río y el Fuerte Médoc al otro lado. Junto con la ciudadela, estos fuertes protegían la importante ciudad comercial de Burdeos de los ataques por el río.
Los numerosos viñedos que rodean la ciudad producen una gran cantidad de vinos, sobre todo tintos. La Maison du Vin de Blaye cuenta con la mayor colección de vinos de la región.
A menos de una hora en coche de Burdeos se encuentra la localidad costera de Arcachon, a orillas del océano Atlántico. Eso sí, ten en cuenta que en agosto, el mes de vacaciones en Francia, hay muchísima gente. Por cierto, la playa de la localidad no está junto al mar, sino junto al Bassin d’Arcachon, una bahía que está en comunicación directa con el océano. En el paseo marítimo que bordea la playa encontrarás muchos restaurantes que sirven marisco, entre ellos las ostras por las que es famosa esta región. También puedes comerlas en el mercado, Les Halles, donde además hay muchos otros productos frescos a la venta. Da un paseo cuesta arriba hasta las villas del Quartier de la Ville d’Hiver. La mayoría de las villas se construyeron en el siglo XIX y presentan una mezcla singular de diferentes estilos arquitectónicos. La Dune du Pilat es una impresionante duna de arena, de visita obligada, situada al sur de Arcachon. Es una montaña de arena enorme y altísima. Te dejará boquiabierto y las vistas del océano desde la cima son preciosas.
Desde el muelle de Arcachon puedes coger un ferry hasta Cap Ferret. Allí se está más tranquilo, porque no hay transporte público que llegue hasta allí. Por supuesto, puedes llegar en coche de alquiler y, además, así podrás visitar otros pueblecitos, como Le Canon y Les Jacquets. En todos estos pueblecitos encontrarás restaurantes junto a la bahía, donde podrás comer ostras frescas. La península de Cap Ferret cuenta con bonitas y amplias playas de arena a lo largo de la costa atlántica.
Más al sur se encuentra Biscarrosse, entre dos grandes lagos. Entre estos lagos discurre el Canal du Littoral, un canal navegable. Las playas se encuentran sobre todo a lo largo del lago norte, de aguas poco profundas, como la Plage de Navarrosse y la Plage de Caton, en la orilla este, cerca del pueblo de Sanguinet. Junto a la Plage Maguide está el Aquapark, que cuenta con toboganes acuáticos y otros juegos hinchables. Divertido tanto para niños como para adultos.
En el Lac Sud puedes practicar deportes acuáticos, como el SUP, el piragüismo, la vela, el esquí acuático y el wakeboard. A orillas de ese lago del sur se encuentra el Musée de l’Hydraviation, donde se exponen hidroaviones históricos y puedes aprender mucho sobre la evolución de estas aeronaves y para qué se utilizaban. Por ejemplo, hay un Albatross estadounidense, un avión anfibio que se usaba para operaciones de rescate en mar abierto. Además de los hidroaviones restaurados, en este museo puedes ver uniformes, recuerdos de pilotos famosos, motores, hélices, documentos de archivo, cuadernos de vuelo, trofeos, trajes de vuelo, fotos y cuadros.
En los alrededores de Biscarosse puedes dar un paseo a pie o en bici por los bosques y las dunas.
Hay un montón de senderos para caminar y rutas en bici alrededor de los dos lagos y por los bosques de pinos que los rodean, entre otros, hacia las playas de la costa, si prefieres bañarte en agua salada. Biscarrosse-Plage está en una playa de arena enorme en la costa atlántica. Aquí también se puede practicar surf.
Desde el corazón del Parque Natural Regional de las Landas, el riachuelo Leyre fluye hacia la cuenca de Arcachon. Antes de llegar a su destino final, ofrece casi cien kilómetros de vías navegables que atraviesan el bosque. Navegarás bajo un dosel de alisos y robles, y en las orillas crecen gigantescos helechos reales. Un recorrido en canoa o kayak por este río es una experiencia inolvidable. Puedes hacer una excursión de medio día o de día completo, o recorrer toda la distancia en cinco días, acampando a lo largo del río durante el trayecto.
Alquila una canoa o un kayak solo en empresas oficialmente reconocidas con la etiqueta «Valeurs Parc Naturel Régional». Estas empresas se preocupan por el medio ambiente y contribuyen a la vigilancia de la frágil naturaleza que rodea el río. Las encontrarás en Le Teich y Biganos, en la desembocadura del río, y en Moustey y Pissos, bastante más arriba. En Pissos también hay un parque de aventuras, donde puedes escalar y trepar por el bosque, montar en bicicleta de montaña y practicar tiro con arco.
¿Te encanta el arte urbano? Entonces tienes que ir sin falta a Angulema, la capital francesa del cómic y el arte urbano, o como dicen en Francia: «art urbain». A finales de enero se celebra cada año el festival de cómic más grande de Europa —el Festival Internacional del Cómic—, pero durante todo el año hay otras actividades y concursos relacionados con el cómic y el arte urbano. Por toda la ciudad te lo recuerdan. Además de murales enormes y alucinantes, también hay buzones, papeleras y otro mobiliario urbano pintados de colores vivos. En cada esquina hay algo que ver y te va a costar mucho dejar de hacer fotos. No solo merece la pena visitar este museo al aire libre, sino que en el Musée de la Bande Dessinée hay exposiciones temporales de dibujantes de cómics.
Entre Angoulême y Limoges se encuentra el parque natural del Périgord-Limousin, conocido por sus brezales, pero que también está formado en gran parte por bosques. Sobre todo a lo largo de los numerosos arroyos y riachuelos puedes dar preciosos paseos por los bosques. En verano, esos cursos de agua te refrescan, al igual que el lacito de Nantheuil, donde puedes bañarte y remar. En otoño podrás disfrutar del impresionante espectáculo de colores de los bosques caducifolios. Es la temporada perfecta para avistar ciervos y corzos. Además, en esta reserva natural viven tejones, martas, visones, nutrias, zorros y jabalíes. Y también hay una enorme variedad de especies de aves.
El Parque Natural Regional de Périgord-Limousin publica cada año una guía turística con información actualizada sobre la región: rutas de senderismo y ciclismo, actividades en la naturaleza, historia y patrimonio. Puedes recoger esta guía en las distintas oficinas de turismo o en la Maison du Parc, al noreste de La Coquille.
Las bastidas son pueblecitos fundados en los siglos XIII o XIV que destacan por su trazado de calles rectas. Una de las más bonitas es, sin duda, Labastide d’Armagnac, cuyo encanto se ha conservado intacto. La plaza central está rodeada de casas con entramado de madera, columnas y arcos, además de una imponente iglesia. Lo disfrutarás al máximo si te sientas tranquilamente en una de las terrazas a tomarte algo o picar algo. En las callejuelas medievales que rodean la plaza se han instalado muchos artistas. La localidad también es muy visitada por ciclistas, sobre todo porque, justo al sureste de Labastide, se encuentra la Chapelle des Cyclistes. Esta pequeña capilla medieval está repleta de cientos de maillots de campeones de ciclismo y también hay algunas bicicletas antiguas (de competición), ¡entre ellas una que se utilizó en el primer Tour de Francia de 1903!
Armagnac no es solo el nombre de la región, sino también el de la famosa bebida espirituosa. En el Château et Domaine de Ravignan, en la aldea de Perquie, podrás descubrir algunos de los secretos de su elaboración. No muy lejos de allí, en la antigua bodega del Domaine d’Ognoas, se encuentra el alambique más antiguo de Gascuña. Elijas la destilería que elijas, después de la visita guiada siempre hay una cata de diferentes añadas del Armagnac de la casa.
Desde Labastide d’Armagnac parten varias rutas de senderismo y ciclismo por los alrededores, entre otras, hacia el magnífico Château de Fondat.
En coche de alquiler, vas de Labastide a La Romieu en una hora más o menos. Si sales de Burdeos, tardas el doble. Es un pueblecito precioso e histórico, y por eso está en la lista de «Les Plus Beaux Villages de France». Es famoso por su preciosa Colegiata de San Pedro, que forma un complejo completo con una iglesia del siglo XIV, un claustro, dos torres y los restos de un palacio. La iglesia está flanqueada por dos torres: la cuadrada es el campanario, mientras que la octogonal alberga la sacristía, la antigua sala capitular y la sala de archivos. Puedes subir a ambas para disfrutar de las vistas panorámicas.
Por todo La Romieu ves gatos esculpidos, grandes y pequeños, y eso tiene que ver con una leyenda medieval. Cuando cundió la hambruna, la gente intentó sobrevivir alimentándose de todos los animales que había, incluidos los gatos. A una chica del campo le encantaban los gatos y escondió a varios en secreto. Cuando la tierra volvió a dar suficientes frutos, surgió un nuevo problema: las ratas se comían la cosecha, porque ya no quedaban gatos para cazarlas. La chica reveló su secreto y así evitó una nueva hambruna.
A una hora y media en coche al este de Burdeos se encuentra la preciosa ciudad medieval de Bergerac, a orillas del río Dordoña. Alrededor del casco antiguo hay varias opciones para aparcar tu coche de alquiler. El gran aparcamiento de Foirail, en la parte este del centro de la ciudad, es gratis.
Bergerac ha sido declarada «Ville d’art et d’histoire» (Ciudad del arte y la historia) y, por supuesto, no le faltan lugares de interés cultural. Pasea por las sinuosas calles medievales y por las encantadoras placitas con casas de entramado de madera y fachadas salientes, flanqueadas por coloridos parterres de flores. En la Oficina de Turismo puedes conseguir un plano para dar un paseo por los rincones más bonitos. Entre otras cosas, pasarás junto a la estatua de Cyrano de Bergerac, aunque él nunca vivió en esta ciudad. El Musée du Tabac está ubicado en una bonita casa antigua de cuatro plantas, donde aprenderás todo sobre la historia (comercial) de la planta del tabaco y su consumo. Y no, ¡no se puede fumar dentro! Da un paseo junto al río y disfruta de las vistas y la tranquilidad (en el Dordoña están prohibidas las lanchas a motor).
El museo Dordonha está dedicado a la historia, la arquitectura y el patrimonio de Bergerac. Así descubrirás cómo el río Dordoña desempeñó un papel fundamental en el origen y el desarrollo de la ciudad. En el sótano hay una exposición de estatuas de bronce. Les Maisons des Vins está a orillas del río, en el precioso Cloître des Récollets del siglo XVII. Por la noche abre la vinoteca y puedes disfrutar de un delicioso vino de la región en el patio histórico.
Bergerac es un punto de partida perfecto para hacer excursiones con tu coche de alquiler a cualquiera de los muchos viñedos de los alrededores. Por ejemplo, al Château de Monbazillac, que está a unos veinte minutos en coche de la ciudad. La visita guiada por este castillo del siglo XVI termina con una cata de vinos. Además, en la región del Périgord Pourpre, cerca de Bergerac, encontrarás pueblos mágicos como Monpazier, Eymet e Issigeac. Este último tiene uno de los mejores mercados de la región.
Desde Burdeos hay un buen trecho en coche, pero si ya estás en Bergerac, no te puedes perder el Château des Milandes, sobre todo si eres fan de Josephine Baker. Desde Bergerac hay aproximadamente una hora en coche atravesando el precioso e histórico valle del Dordoña. Josephine Baker fue una bailarina y artista estadounidense-francesa, miembro de la Resistencia durante la Segunda Guerra Mundial y activista por los derechos civiles. Vivió más de treinta años en este imponente castillo renacentista. Hay una interesante exposición dedicada a su turbulenta vida, complementada con trajes de escena y otros objetos. El castillo está rodeado de cuidados jardines de estilo francés. En los meses de verano hay un espectáculo de aves con búhos, halcones, azores y otras aves rapaces.
¿Te interesa más la arquitectura de un castillo antiguo que quién vivió en él? Pues conduce un poco más hacia el este con tu coche de alquiler. En la orilla norte del río Dordoña, en lo alto de un peñasco de piedra caliza, se alza el imponente Château de Beynac, uno de los castillos mejor conservados de esta región. Al visitarlo, harás un viaje a través de cinco siglos de historia francesa, siguiendo los pasos de Ricardo Corazón de León, Leonor de Aquitania y Simón de Montfort. Como suele ocurrir, el castillo se construyó en diferentes épocas. Las partes más antiguas son la torre del homenaje, del siglo XII, y la cocina, del siglo XIII. La Sala de los Estados también es impresionante. Desde lo alto tienes unas vistas inolvidables del valle del Dordoña.
Lo que no te puedes perder es el pueblo que hay a los pies del castillo. Beynac-et-Cazenac es un pueblecito precioso que rebosa historia.
La Roque-Gageac es un pueblo de cuento de hadas, encajonado entre el río Dordoña y un acantilado vertical. En la Edad Media, La Roque-Gageac era una ciudad amurallada con fortificaciones. La iglesia, con su tejado de pizarra, data de esa época. No muy lejos de ahí, flanqueada por una torre redonda, se encuentra la casa de campo de una familia distinguida, justo contra la pared rocosa. Lo más espectacular son los restos del Fort de la Roque, excavado en la roca en el siglo XII. Se accede subiendo una escalera metálica y, a continuación, unos peldaños tallados en el acantilado. No es recomendable para quienes tengan miedo a las alturas.
Para disfrutar de las mejores vistas de los acantilados, deja un rato el coche de alquiler y date un paseo en canoa o kayak por el Dordoña. Puedes elegir entre un recorrido corto desde La Roque-Gageac o una ruta más larga desde Carsac o Vitrac. A medida que vas descendiendo por el río, la impresionante vista del fuerte irá apareciendo poco a poco ante tus ojos. El piragüismo en el Dordoña es muy popular en los meses de verano, por lo que te recomendamos que reserves tu embarcación con antelación.
Aubeterre-sur-Dronne es un pueblecito a más de cien kilómetros de Burdeos y también figura en la lista de los pueblos más bonitos de Francia. Ofrece una mezcla encantadora de monumentos históricos, casas pintorescas, galerías de arte y animados restaurantes y cafés. Aubeterre está a orillas del río Dronne y se extiende tanto por la cima de una colina como por un valle, unidos por callejuelas estrechas y sinuosas. La principal atracción es la impresionante iglesia subterránea Église Souterraine Saint-Jean. Esta singular iglesia monolítica fue excavada en el siglo VII y ampliada posteriormente en el siglo XII. La iglesia llega hasta una profundidad de veinte metros y, en el fondo, hay una necrópolis con ataúdes de piedra.
Si estás en Aubeterre en un día caluroso, puedes refrescarte en la pequeña playa local. Para llegar, cruza el río por el lado este del pueblo y, justo después, gira a la derecha. El desvío (Plage) está claramente indicado en una señal. Además de nadar, también puedes practicar kayak y paddle surf.
Desde Burdeos hay tres horas en coche hasta Cahors, pero si primero has ido en tu coche de alquiler a Bergerac, desde allí te queda menos de dos horas. Es una bonita ciudad antigua que está casi totalmente rodeada por el río Lot. La imponente catedral de San Esteban está construida en estilo gótico y románico y cuenta con frescos centenarios.
Lo más destacado de una visita a Cahors es el puente medieval Pont Valentré, con sus tres torres, del que se cuenta una bonita anécdota. Se tardó nada menos que setenta años en construir el puente y un maestro de obras se enfadó tanto por lo lento que avanzaban las obras que le vendió su alma al diablo, a cambio de que este se encargara de que todos sus encargos se hicieran más rápido. Una vez terminado el puente, se arrepintió de su decisión y le dio al diablo una última tarea: ir a buscar agua con un colador para los obreros. En venganza, el diablo hacía caer cada noche una piedra de la torre central, para que el puente nunca estuviera terminado. Cuando restauraron el puente en el siglo XIX, a esa piedra le pusieron una estatuilla de un diablo.
Toulouse está a más de tres horas en coche de Burdeos, pero puedes hacer una parada en la impresionante Abbaye Saint-Pierre de Moissac. La iglesia y el monasterio datan del siglo XII, pero ya no es un monasterio desde la Revolución Francesa. Por suerte, el complejo se incluyó poco después en la primera lista de edificios protegidos de Francia.
Toulouse debe su apodo de «La Ville Rose» (la Ciudad Rosa) a los numerosos edificios construidos con ladrillos de terracota de color rojo claro. Esto se aprecia muy claramente en la Place du Capitole, el centro histórico de la ciudad. La plaza está presidida por el ayuntamiento (Le Capitole), un precioso edificio de estilo neoclásico. La arquitectura es impresionante, pero no te pierdas el interior, con sus magníficos frescos, tapices de colores y techos ricamente decorados.
La ciudad lleva siglos siendo muy próspera y eso se nota en las mansiones que mandaron construir los ricos comerciantes en los siglos XV y XVI. Muchos de estos «hôtels particuliers» tienen patios increíbles y algunos se pueden visitar. El más bonito de todos es el Hôtel d’Assézat, cerca del Pont Neuf. Su nombre significa «puente nuevo», pero en realidad es el puente más antiguo de Toulouse.
La Place Saint-Georges es el lugar ideal para tomarte algo, un brunch o cenar. Sobre todo por la noche, esta placita rebosa de vida. A su alrededor encontrarás calles con tiendas de diseñadores y galerías de arte.
Con miles de bodegas en la región de Burdeos, es difícil elegir. Por suerte, muchas denominaciones de origen organizan entre primavera y otoño los llamados eventos «Portes Ouvertes», es decir, jornadas de puertas abiertas con catas gratis, visitas guiadas y actividades para toda la familia. En la Oficina de Turismo puedes conseguir información sobre las bodegas participantes y cuándo abren sus puertas exactamente.
La zona vinícola más famosa de Burdeos es la que rodea Saint-Émilion. No solo vas allí para deleitar tu paladar, sino que el pueblecito en sí es de una belleza increíble. Es una combinación única de bodegas mundialmente famosas y una arquitectura preciosa. Cada rincón de este pueblo respira historia. La Torre del Rey, de estilo románico, puede parecer poco especial, pero desde lo alto tienes unas vistas preciosas de Saint-Émilion y los viñedos de los alrededores.
Si quieres salir por tu cuenta a catar vinos, a menudo tienes que concertar una cita con antelación en las distintas bodegas. Además, claro, no puedes ponerte al volante después de haber bebido. Es mucho mejor dejar el coche de alquiler un día y apuntarte a una ruta del vino organizada. Porque, a ver, ¿qué es una ruta del vino sin una cata a fondo?
Esperamos haberte animado a explorar los alrededores de Burdeos. Puedes reservar un coche de alquiler en el aeropuerto de Burdeos a través de nuestra web, pero si coges el tren de alta velocidad hacia la ciudad, hay coches de alquiler en la estación del TGV. Por cierto, esta forma un solo complejo con la estación de tren de Burdeos Saint-Jean.
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